domingo, 11 de octubre de 2015

Reflexiones finales

Puede que no haya aportado mucho a la ciencia en estos dos meses de trabajo, pero aun así ha sido una experiencia muy gratificante; en primer lugar he madurado como persona, creo sinceramente que estar en un ambiente "real" de trabajo ha sido muy positivo para mi. En segundo lugar, he ampliado mis conocimientos científicos, lo cual nunca está de más. Y por último, pero no menos importante, he trabajado con un grupo de personas geniales y con las que tenía más cosas en común de las que pensé ha priori. Si me ofrecieran repetir la experiencia respondería que si sin dudarlo ni un solo instante, aunque tal vez después de dos horas mirando una probeta cambie de opinión. Esta es sin duda una experiencia que recomiendo a cualquiera que se esté planteando trabajar en el mundo de la investigación, así que, si el verano que viene a alguien le apetece ver de primera mano como se trabaja en un laboratorio ya sabe donde venir.

Despedida

Y por fin llegó el temido día, el 31 de Julio. Las probabilidades de que tuviéramos éxito gracias a una intervención divina eran cercanas, por no decir iguales, al 0%, por ello, decidimos probar con un procedimiento diferente, no porque tuviéramos unas expectativas particularmente altas, sino por el valor didáctico que pudiera tener para mi aprender otros procesos de reacción. En este caso trabajamos con un solo disolvente, en vez de los dos habituales. Por lo que pude aprender, tener que realizar un proceso de purificación es un auténtico tormento, que se puede resumir en; secar disolución, colocar filtro, pasar con metanol, secar nueva disolución, colocar  filtro, pasar cloroformo, secar disolución, colocar filtro, pasar con metanol... Y así hasta que tan solo queden unas minúsculas motas de compuesto, teniendo en cuenta que cada disolución tardaba unos quince minutos en secarse y que trabajábamos con tres experimentos en paralelo... Podemos decir que era divertido si te golpeabas la cabeza repetidamente contra un muro. Todos tenemos en la cabeza la imagen de un científico trabajador que pone toda su alma en su proyecto con el cual piensa poner a prueba la inteligencia y creatividad humana negando las convenciones tradicionales y desentrañando la esencia misma de la materia, pero esa imagen se diluye notablemente cuando te pasas la mayor parte del experimento sentado en un banco esperando a que 50 mililitros de metanol se evaporen. Desgraciadamente, nuestro esfuerzo no se vio recompensado con el esperado hilo semiconductor, pero, siendo justo, no puedo decir que mi estancia no fuera de provecho para el progreso científico, al menos ahora se conocen una veintena de compuestos que no reaccionan en condiciones estandar, no es un gran consuelo pero es mejor que nada.

Desesperación

Lo que siguió fue una carrera contrarreloj, el día 31 se acercaba, y con él, el fin de mi estancia. Nada de lo que intentábamos parecía funcionar, la lista de reactivos a probar se iba haciendo más y más corta, comenzamos a trabajar con substancias menos comunes, siendo algunas de ellas tan raras que era imposible adquirirlas de forma directa, de forma que teníamos que fabricarlas nosotros mismos en el laboratorio, lo cual hacia que tuvieramos que agotar más de nuestro preciado tiempo. A veces parecía que estábamos a punto de conseguir un resultado satisfactorio, pero nunca teníamos éxito, como si hubiera algún problema fundamental que se nos escapara. Nuestra desesperación se fue haciendo cada vez más evidente con el tiempo, y llegamos a cometer un par de errores graves por precipitarnos en nuestras conclusiones. Pero a pesar de todo ello, en ningún momento nos planteamos tirar la toalla, seguimos esforzándonos al máximo. Ese era nuestro estado cuando el último día llegó.

sábado, 3 de octubre de 2015

Y vuelta a la carga

A partir de ese punto comenzamos a enfocar el experimento desde otro ángulo, y pasamos a mezclar todos nuestros reactivos "candidatos" con los reactivos usados durante el primer experimento, el único exitoso, gracias a eso pudimos determinar que el impedimento era, muy probablemente, la rigidez estructural de uno de los reactivos, lo cual le impedía formar cadenas de polímero flexibles, comenzamos a probar con compuestos más flexibles, y obtuvimos un par de éxitos parciales, en los que se formaba una cantidad apreciable de polímero. Sin embargo, solo se formaban tropos separados, y no hilos o agrupaciones grandes, por lo que era imposible obtener un hilo que pudiéramos usar.

¡Felicidades! ¡Eres oficialmente un químico!

A pesar del éxito de nuestro primer intento, al día siguiente nos topamos de frente con la dura realidad, y es que en química, los reactivos nunca se comportan como uno quiere, siempre habrá un compuesto que no quiera disolverse a la concentración necesaria, o reacciones que no reaccionaran por motivos desconocidos. Con esto quiero decir que los días siguientes fueron una sucesión de fracasos durante los cuales, el único avance fue tachar posibles reactivos de nuestra menguante lista, al final, decidimos repetir el primer experimento, pero utilizando concentraciones de disolución menores, exactamente las mismas que podíamos alcanzar con los demás reactivos. Desgraciadamente, el experimento fue un éxito, por lo que la idea de que los compuestos no reaccionaban por la baja concentración perdió fuelle, por lo cual, no teníamos ni la más remota de las ideas de cual era el motivo de nuestros consecutivos fracasos, el mayor miedo de un químico, como me dijeron todos en el laboratorio.

sábado, 26 de septiembre de 2015

Los inicios

El primer día consistió básicamente en mi dando vueltas por el laboratorio con Coque, el investigador jefe, familiarizándome con el equipo de trabajo y sobre todo, con las normas de seguridad, las cuales repasamos una y otra y otra vez, tanto por mi mismo como el resto del personal, ya que, como dijo Coque, en un laboratorio el mayor peligro no son los explosivos o los gases tóxicos, sino un codazo accidental a una probeta o una vitrina abierta. También me presentaron al resto del personal del laboratorio, compuesto únicamente por investigadores jóvenes. También me explicaron el plan de investigación con mayor detenimiento, y acordamos el experimento a realizar el día siguiente.
Al llegar al edificio el día siguiente, me encontré a todo el mundo  tomando un café y charlando tranquilamente, en los diez minutos de margen de los cuales disponíamos antes de empezar a trabajar hablamos de todo y de todos.
El primer experimento consistía en fabricar nylon 6-6. No tenía ningún interes científico, ya que el proceso es sobradamente conocido, pero era un forma excelente de familiarizarse con el proceso que queríamos llevar a cabo, ya que ambos son muy parecidos. Bajo la supervisión de Marco Carini, mi "tutor" durante mi estacia en polymat, comencé a mezclar disolvente y neutralizadores con solutos, antes de juntarlo todo y esperar a que reaccionara. El experimento fue un éxito rotundo y con una agradable sensación de optimismo nos despedimos.

Comenzando




Este verano participé en una iniciativa de la asociación Alcagi la cual invitaba a jovenes guipuzcoanos a colaborar con Polymat en diferentes proyectos de investigación. Lo que concedía importacia a la iniciativa era que los jóvenes participarían en proyectos de investigación reales, y no en repeticiones de experimentos conocidos con el fin de comprobar de primera mano tal o cual fenómeno fisico o químico, como suele ocurrir en los laboratorios escolares. El fin de esta actividad era que los jóvenes experimentaran el ambiente de trabajo de un laboratorio, sintiendo la presión del tiempo, la limitación de recursos y sobre todo, la sensación de contribuir al progreso científico. Se nos dio a elegir entre varios experimentos posibles, en mi caso, decidí trabajar en el desarrollo de polímeros semiconductores a partir de procesos similares a los usados en la fabricación del nylon, por motivos de seguridad prefiero no desvelar con exactitud el procedimiento, pero si puedo decir que consistía, basicamente, en conseguir que una diamina y un ácido interaccionaran formando una cadena polimérica flexible, que ademas tuviera una configuración electrónica propicia a conducir electrones, es decir, formar un "nylon" que fuera conductor eléctrico, permitiendo, por ejemplo, crear tejidos conductores. El primer día acordamos un horario de trabajo que discurría de nueve de la mañana a dos de la tarde, de lunes a viernes, trabajando de esta forma desde mitades de junio hasta finales de julio esperábamos ser capaces de obtener resultados.